portada del disco Aquí Vivía Yo

El nuevo trabajo de Le Mans confirmaba lo temido por muchos: su última portada, de nuevo a manos de Aramburu, sumada a la de los dos anteriores EP completaba una palabra: FIN.

Y es que la despedida de Le Mans no podía ser otra que “Aquí Vivía Yo” (Elefant, 98). Hablando ya del pasado, con tan melancólico y sugerente título, el grupo donostiarra decía adiós dejando como último sabor de boca este bello disco, donde todo lo aprendido y lo vivido quedaba recogido, reflejado y perfeccionado, consiguiendo la obra maestra que es.

Afilando su característica ironía, las letras rozan la perfección con la acidez y la candidez justas, en un equilibrio perfecto que se mantiene sin más artificios.

El poder de la música tampoco queda atrás. La lírica y la poética, tan representados por sus continuas cuerdas, se entremezclan de tal manera que se puede percibir la constante presencia de bases y ritmos propios del trip-hop, sonidos con los que ya el grupo experimentaba en su tercer disco “Zerbina” (Elefant, 1995).

Cuánto pesa el corazón a veces. Cuánta desazón y cuán difícil es vivir y arrastrar los días. Le Mans vive el mismo mundo de todo aquel que escucha sus canciones. La rutina, la pesadez, los miedos y el desamor. Los problemas cotidianos convertidos en ritmos líricos. La nostalgia y el tedio hechos música. La banda sonora perfecta para mirar a través del cristal en las tardes de lluvia, leer a Pessoa o pensar en ese alguien en quien no se puede dejar de pensar. Una música ocular y hasta carnal que roza directamente el corazón.

“Aquí Vivía Yo” comienza con los aires urbanos y cosmopolitas tomados del mencionado “Zerbina”, pero con un corte quizá algo más clásico, con su “Todo va mal”. Un tema que va moldeándose, tornándose otro, girando sobre sí mismo, hasta regresar al mismo punto. La repetición, el bucle eterno de cuando todo va mal. Y después la mandolina y la tristeza profunda de “Buenos días corazón”. Los dos elementos protagonistas de este disco se encuentran y se funden perfectamente en esta bella canción.

Dos temas más y por fin (para quien escribe estas letras) el dulce, el pequeño tesoro: “No vino, estaba enferma o de vacaciones”. Una emotiva canción de amor, visual y física que logra transmitir el sentimiento y la ansiedad nostálgica de quien continúa amando.

Tras esto, se suceden las catorce canciones del disco. Cada una con sus detalles y toques que las hacen especiales, destacables y únicas. “Yin yang”, “No me abrumes amor”, “Mi novela autobiográfica”, “Sic transit gloria mundi” (que pone punto final al disco), una obra maestra imposible de perderse.

El más bello adiós jamás pronunciado.

Compartir

Otros Discos

Add Comment Register



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>